Soy gafe
Sacando a Pitote, me encuentro por la calle a una tía que me dice:
-Oye, ¿sabes dónde está la calle Santa Floripondia?
-Pues no, lo siento. Es que por aquí todas las calles se llaman igua...
Va la muy imbécil y se larga, me da la espalda y ¡me deja con la palabra en la boca!
Pensé muchas cosas:
"Que te follen"
"Mejor dicho, que no te follen"
"Ojalá no encuentres nunca esa calle, guarra"
Y nada más pensar en todo esto, no pasó ni un par de minutos, que ya había encontrado la calle Santa Floripondia.
¡Mandawebos! ¡Debo tener poderes sobrenaturales y yo sin saberlo! Incluso deseando el mal ajeno, ocurre lo contrario a lo que piense o diga, así que creo que debería hacer una prueba...
Siento comunicaros que no ha funcionado. Llevo esperando dos horas y Will sigue igual.
¡Ah! Y esta es otra: en mi conglomerado paletorril (más conocido como pueblo), el otro día me encontré con el más axqueroso de todos mis ex juntos (que ya es decir). Esto no sería más que una horrible casualidad de no ser por que:
- El hombrecillo vive en la gran ciudad.
- Os aseguro que no se le ha perdido nada por aquí.
- Hacía siglos que no le veía.
- Es un vago de cojones y no sé qué tiene mi pueblo que le haya hecho venir hacia aquí.
Llamaré a Iker Jiménez, a ver si hace un pograma especial para analizar mi caso a fondo...
Estando en un restaurante, me tomé un litro y medio de Nestea y otro medio de batido. Estaba que no podía más. Por ello, me agarré la triponcia que se me había puesto a modo de mujer embarazada y le dije:

Y no, no nos pararon, ¡pero para un vez que el destino no se cebó conmigo tenía que ponerlo en el blog!
Y lo mejor, como siempre, para el final, la prueba de que estoy gafada:
- El último examen me salió mal.
- El bus hacia Burugundiows estuvo una hora y media parado por avería.
- Novio y madre de Novio me estaban esperando. Tomamos el único taxi cuyo conductor estaba tan colocado que, por mucho que le indicamos, nos respondía de mala manera que él sabía más que nosotros y que nos estana llevando por buen camino... paramos a trompicones en un callejón sin salida así acabamos, en la otra punta de la ciudad y a pata recorrimos las amplias y frías avenidas.
- Para colmo de males, Novio se puso a roncar y me dio la nochecita de mi vida... ¡y yo que me quejaba de mi padre!
