
-¿Quién juega? - Pregunté desghanada a mi padre, levantando la mirada de mis apuntes y echándole un vistazo a la pantalla.
-Italia-Ghana - Respondió él sin ghanas.
-Ya, ya sé que gana Italia - Repliqué mirando el marcador - Pero dime contra quién juega.
-Ghana.
-Ya, joder, pero digo ¡¡que quiénes juegan!!
-Itailia-Ghana.
-¡¡¡Joder, papá!!!
Luego me enteré que se trataba del país y no del verbo de la primera conjugación infinitivo simple tercera persona del singular etc. Y la coña estuvo servida:
-Entonces Italia ghana y no ehmpata, ¿no?
-Hombre, puede que phierda.
Cuando decidí que era hora de dejarme de gilipolleces y ponerme seriamente a estudiarme la globalización, mi madre llegó y apagó el televisor justo cuando Italia estaba ghanando 2-0.
-¡Nooooo! ¡Mamá, no lo quites! ¡Que es nuestra segunda nacionalidad!
-¿No se supone que tú estabas estudiando?
-Sí, mamá, pero es que es Italia. Es un dieciseisavo de mí. Y un octavo de tí.
No sé, siempre invento excusas tontas para no estudiar, pero esta nunca se me hubiera ocurrido fuera de contexto.
Seguimos con las matemáticas. Cambio fracciones por porcentajes:
Hay 90 por ciento de posibilidades de nacer diestro, y tan sólo un 10 por ciento de nacer zurdo. A mí me ha tocado lo segundo, soy zurda y muy orgullosa de ello, de no formar parte de ese 90 por ciento aplastante mayoritario y discriminatorio.
Hay también un 90 por ciento de posibilidades de tener celulitis, y tan sólo un 10 por ciento de no tenerla. A mí me ha tocado lo primero, no estoy orgullosa de ello y me pregunto por qué coño hace un año y medio no la tenía y ahora sí (aunque poca, muy poca, de verdad... Novio, espero que me sigas queriendo igual)
Las estadísiticas no fallan, pero si tenía las mismas posibilidades de ser zurda que de no tener celulitis... ¿por qué a mí?


